viernes, 17 de febrero de 2017

El zapato que no te calza

Nos pasa muy a menudo, al menos a las mujeres. Andamos por el centro comercial, buscando un par de zapatos para la noche o para una ocasión especial. De pronto, ahí están: perfectos, impecables, modernos, "ÚNICOS"; y efectivamente, tan únicos que son la única talla y por esos azares caprichosos del destino, pues no es la tuya.

No importa, los probamos igual, caminamos sobre ellos, con la fiel esperanza de que igual podemos andar cómodas con ese par de hermosos zapatos que amamos en cuento vimos, pero no nos calzan bien.

Una voz interna nos advierte, "no son tu talla", "ya habrán otros mas lindos o mas adecuados para la ocasión". Así que salimos de la tienda, pero esos zapatos no salen de nuestra mente, nos siguen a donde vamos. Vemos algunos otros también lindos, pero no los amamos como ese par que no son de nuestra talla. Luego de un par de vueltas más, volvemos y LOS COMPRAMOS. Si nos quedan grandes, pues se arreglaran  con un a plantilla (o dos), si nos quedan chicos, pues los mandaremos a la horma el tiempo que haga falta y por arte de magia serán nuestro número.

Y así, luego de intentar con gran esfuerzo, sacrificio e ilusión poder andar sobre esos bellos zapatos en los cuales hemos invertido tanto desgaste, reparamos en que nos nos quedan, que nos duelen y que lamentablemente, no podemos usarlos más.

Esa es la historia de mi vida, llevada al aspecto sentimental. Al igual que la historia de los zapatos que no nos quedan (que me pasa siempre de manera literal), los llevó igual y asumo el dolor o incomodidad que haya que soportar, porque yo quería ese par y no otro.

Reparé de esto en mi último cumpleaños, en que en busca del par para la noche de mis 30, vi los más bellos zapatos que me hubiese podido imaginar, me visualice con ellos toda la noche y otras, y cuando descubrí que me quedaban algo chicos, con mucha decepción  fui en búsqueda de otros, sin embargo, la obsesión no me dejaba querer comprar otros que no sean esos que me encantaron.

Tal cual nos sucede cuando descubrimos que no calzamos bien dentro de una relación, hay algo en ese hombre que nos hace querer que sea para nosotros, y puede ser no malo, pero no es nuestra talla y aunque lo intentemos y sigamos intentando, nunca calzaremos en ello. Y así, dejamos pasar la oportunidad de tener otros zapatos que quizá nos nos encaaaaanten tanto, pero que nos harán sentir igual de bien y mucho pero mucho más cómodas, sin tanto maltrato a nuestros pies, o en este caso, a nuestra alma.

Lo malo, es que somos obsesivas y no nos gusta saber que hemos perdido y lo intentamos y remamos con todo hasta quedarnos sin brazos. Y repito, no es que sea un malo o feo par de zapatos, solo que no eran el par indicado para ti.

Cuando nos cansamos, nos duele, nos incomoda, nos lastima, no podemos pensar que si los sacamos solo un rato, nos quedaran bien, al contrario, los pies se hinchan y cuando queremos calzarlos nuevamente, duele más. Y no me dejarán mentir.

Así que si ese zapato no es para ti, solo deja de usarlo y ya, y prueba con otro, que aunque no te haya deslumbrado como aquel que dejas de lado, verás que lo que no se fuerza, se siente mejor.

Ate,


Lunática a mil.

lunes, 16 de mayo de 2016

Dentro de mi

Era la tarde, había regresado de almorzar un día de oficina cualquiera, cuando lo supe. Las dos rayitas moradas aparecieron de inmediato y entonces mi mundo se detuvo, todo se quedó en silencio y mi corazón latía a ritmos que nunca antes había latido. Pasé del miedo a la desesperación, no sabía qué hacer, no estaba segura de lo que sentía. Apelé a mi última esperanza de una prueba de sangre, esperando que sea un error y otra parte de mi, queriendo que sea cierto.

Las horas que siguieron no había necesidad de esperar los resultados, yo, ya lo sabía. Creo que lo supe desde hacía algunas semanas; mi cuerpo me lo dijo, pero el miedo y la incertidumbre de todo, hizo que deje pasar el tiempo esperando, esperando no sé qué.

Llegó el esperado mail, no sabía como leerlo, así que lo leyó alguien más por mi. Era claro, tenía algo o alguien dentro de mi y no sabía qué sentir. El shock hizo lo suyo, mi cabeza no quería creerlo, pero mi corazón temblaba.

Llegó el momento de decírselo al coautor y esperar su respuesta, que era lo que más temía desde que las sospechas aparecieron. Todo a partir de ese momento, comenzó a ser en blanco y negro para mi. Perdóname por eso.

Las horas que siguieron fueron de mucho dolor y soledad, él no te quería, o mejor dicho, no nos quería. Recuerdo como una película borrosa aquella noche frente al acantilado, escuchando una serie de razones por las que tu inesperada existencia era una fatalidad. Me dejé llevar por la tristeza, por el desamor, por la sensación de una vez más haber querido con todas mis fuerzas y nunca haber sido correspondida, por aquella sensación de haber tropezado otra vez más con la misma piedra y por haber tenido que tenerte dentro de mi, para haber tomado conciencia de ello. Esa noche no pude dormir, mi mente se puso en blanco y olvidé que te llevaba en mis entrañas, para al fin dejarme llevar por el sueño.

El día que siguió fue muy oscuro, no podía sostenerme en pie por el dolor, por la desolación; una vida debería causar tanta tristeza? Acaso vida no era sinónimo de felicidad? Acaso una vida no debía ser una bendición? Yo no sentía nada de eso, quería dormir y despertar de esa pesadilla. Tenía que tomar una decisión y no tenía el valor para hacerlo. Por favor que alguien decida por mi y me diga que era lo que tenía que hacer. Los consejos de una y otra postura, no ayudaban, solo me confundieron más.

Las llamadas y mensajes del involucrado insistiendo en que no siga, en que debía sacarte de mi cuerpo, mis miedos de enfrentar esto sola, la incertidumbre de si iba a estar a la altura para darte lo que siempre soñé, me llevaron casi sin darme cuenta a aquél consultorio; y entonces te vi, te vimos, eras casi imperceptible dentro de algo que el médico llamaba saco, tenías solo el tamaño de una lenteja. La visión fue borrosa, pero fue suficiente para internalizar al fin que tenía algo dentro de mi cuerpo, que iba a crecer o que iba a desaparecer, según lo que decida.

Así que decidí, de la manera más cobarde, decidí con el egoísmo a flor de piel, decidí avergonzada, decidí con el corazón partido en dos. Decidí que serías una angelito que no llegaría a conocer el mundo a través de mi. No tienes una idea como debo cargar día a día con ello. Perdón donde quiera que estés.

Quiero que sepas que siempre sentí que te llevaba dentro, pero tenía mucho miedo como para querer tener la certeza; que ese tiempo que te sospechaba dentro, imaginé muchas cosas juntos, imaginé un final diferente, contigo creciendo y siendo amado y esperado por dos personas desde aquí afuera; pero el destino tenía planes distintos y mis sueños, solo eran eso. Cuando realmente supe que te llevaba en mi, quise pasar un día más juntos, aún cuando ya había decidido que seas un ángel.

Quiero que sepas que ese día negro, fui a ese lugar tenebroso, con un profundo dolor en mi corazón; y que cuando decidí que no te podía llevar más conmigo, fue pensando en que merecías mejores condiciones de las que yo podía darte en la situación en la que me vi.

Perdón por no haber sido capaz de despertar amor verdadero en el que iba a ser tu padre, perdón porque tal vez fue por culpa mía que no te haya querido, perdón por no tener la fuerza para seguir sola en este camino; perdón por haber perdonado a quien me empujó a hacer lo que hice; perdón por haberlo seguido amando aún después de habernos manifestado abiertamente que lo haríamos infeliz; perdón por no haber tenido el valor de tenerte y perdón por no haber tenido el valor de alejarme, cuando ya no te tenía.

Debo confesar que me sentí aliviada, pero no por ello, menos triste. El alivio fue porque yo no era capaz de construir el mundo que vi en mis sueños, te esperaban a mi lado días llenos de llanto, dolor y soledad, no era justo que una cosita tan pequeña y frágil como tú, pase por ello.

Hoy, después de algunas semanas, volví a decidir, porque te lo debo y porque me lo debo a mi. Elegí ser feliz, lejos de quien no quiso construir un mundo nuevo a mi lado, a nuestro lado, aunque ya no te tenga. Rezo cada día para que tu almita del tamaño de una lenteja, haya volado y se haya posado en otro vientre que tenga la fortaleza que a mi me faltó y de ser posible, que sea donde papá y mamá te amen en cuanto sepan de que ahora son tres, y rezo, porque no vuelvas a pasar por lo que pasaste esos últimos días que fuiste parte de mi. Lamento que hayas tenido que oír todas esas duras palabras, jamás imaginé que sería de esa manera.

Necesitaba escribir todo lo que siento y lo que sentí, porque no tengo fuerza ni cara para hablarlo con alguien más, la vergüenza que siento es tanta, que debo callar mi tristeza y porque la única persona con la que podía hablarlo, ha decidido que no quiere oír más de ti, quizá porque así le sea más fácil superar lo que hicimos.


Después de estas lineas, espero poder estar lista para perdonarme a mi misma, aunque cada noche antes de dormir, recuerde esas dos rayitas moradas diciéndome que alguna vez estuviste dentro de mi.


Perdón otra vez,

Ate,

Tu mamá (aunque la palabra, me haya quedado grande)

martes, 14 de abril de 2015

El miedo a decir Adios

A veces las historias se repiten. Es como si todas las lecciones que a punta de golpes nos dio la vida, no hubieran significado nada, no hubieran dolido como dolieron y no hubieran marcado como lo hicieron. 

Nos enfrentamos a una nueva historia, una nueva ilusión, un nuevo amor y por tanto, una nueva experiencia, pero de pronto, todo se repite una vez más. Es entonces cuando levantamos la cabeza, miramos al cielo y preguntamos ¿cuál es el problema conmigo?

Hay personas que sentimos que de un tiempo para aquí, la vida se esta poniendo un poco en nuestra contra, que nos pinta pajaritos y a la hora de la hora, solo se trataba de la misma chola con diferente pollera. Pero lo realmente malo de eso, es que ahora, más conscientes de la situación y con más respuestas que las veces anteriores, seguimos igual de necias, igual de porfiadas, tratando de encontrar una justificación que amerite que nos quedemos en el mismo lugar, esperando, una vez más, que la situación cambie.

Qué pasa cuando pasas mucho tiempo con una persona, tiempo tranquilo, tiempo feliz, pero que deja de ser todo eso de la noche a la mañana, o que apenas surge algún pequeño conflicto o desacuerdo entre ambos, todo se torna insostenible. Es normal tener peleas o discusiones, pero cuando las personas se quieren en la misma proporción, ceden, buscan solucionar, buscan un punto medio que satisfaga a ambos.

Pero, cuando en todas las discusiones solo es una la que pide perdón, solo es una la quiere solucionar, solo es una la desesperada por esa charla reconciliadora, y ves como en esos momentos de crisis la otra persona huye y salta del barco dejándote absolutamente sola, triste y confundida?. Tal vez la respuesta es obvia, pero por algún retorcido motivo, tratamos de justificar esa actitud esperando que al fin esté de humor, para que acceda (casi como sacar una cita médica) a hablar; o lo que es más grave, nos sentimos culpables de la discusión y dejamos de ver que el tipo que tenemos al frente es un tremendo pelotudo y olvidamos nuestro dolor para dedicarnos a hacerlo feliz y que "nos perdone".

Hace un tiempo vi un video que circuló por facebook, cuyo mensaje era el siguiente: si una persona tiene en sus manos la capacidad de evitarte un solo día de sufrimiento y aún así no lo hace, entonces esa persona no merece nuestro amor. Ese mensaje da vueltas por mi cabeza todos los días y pienso que si todos lo tuviéramos claro dejaríamos de sufrir tanto en nuestras relaciones; pero inmediatamente surge en mi cabeza la razón por la que todos alguna vez nos hemos quedado ahí, "el miedo a renunciar" por no querer enfrentar el dolor que eso podría traer consigo.

No rompemos, no dejamos, por que la carga emocional que viene junto con ello es muy pesada para soportarla y por ello, muchas veces escogemos quedarnos en relaciones o situaciones realmente disfuncionales, que no van a ningún lado, que es un pesar más que una alegría, solo por no enfrentarnos al rompimiento y en la mayoría de ocasiones, terminamos sufriendo mucho más de lo que hubiéramos sufrido de haber tenido el valor de decir adiós.

Y es que decir adiós es uno de los máximos miedos de la mayoría de seres humanos, porque tememos a la incertidumbre del mañana y a la incertidumbre de si tendremos el valor y la fuerza de soportar el periodo de " duelo". Muchas de nosotras nos damos por vencidas incluso antes de intentarlo y asumimos que seremos débiles y que finalmente volveremos a esa relación que no funciona, que no nos hace felices pero que nos evita la desesperación del "estar solas".

Ya basta de relacionar soledad con la falta de una relación sentimental; muchas tenemos o hemos tenido relaciones larguísimas en las que nos hemos sentido realmente solas. Así que soledad, no implica la compañía de un tipo que de te diga "amor" y al segundo siguiente te demuestre que no está contigo como tú estás con él,  que te diga que te "ama" y luego que necesita "tiempo", que te diga que eres "la chica que el quiere" pero ojo, solo mientras no jodas mucho porque si te pones molestosa, entonces es mejor dejarlo ahí. (Y ojo que ni siquiera estoy hablando de las relaciones reincidentes en la infidelidad)

Soledad, es la que llevamos en el alma, aún rodeados de mucha gente. Soledad es la que sientes cuando el corazón de tu chico, no late al mismo ritmo que el tuyo, cuando tu chico no quiere las cosas que tú, pero sabes que es eso también? Es dependencia pura y el depender de alguien para ser felices, solo es una muestra de que no hemos aprendido bien y que hemos distorsionado todo el concepto del amor.

Amar, no es dar cosas para luego presionar te las devuelvan. Amar es querer y aceptar a ese otro ser con todos sus defectos y amar también es comprender que si esos defectos no te hacen feliz, entonces es mejor darse la mano y decir adiós, porque nos amamos más a nosotras mismas. Nunca comprenderemos el concepto del amor, si antes no aprendemos a querernos más. Ya es hora de dejar de depender de una relación para sentirnos felices. Ya eso hora de comprender que vale más nuestra tranquilidad, que una pareja que constantemente te haga sentir decepcionada, y que es mucho más valiosa nuestra vida a solas pero en paz, que vivir torturadamente enamorada. 

Amor no es dolor, amor no es decepción, amor no es sufrimiento.Y eso que llamamos soledad, puede ser realmente fascinante una vez que nos damos cuenta que nos tenemos a nosotras mismas y que eso es más que suficiente.

Tal vez cuando alcancemos eso, podremos decir adiós sin miedo al mañana y solo así abriremos las puertas para la verdadera historia romántica que nos espera, la que no podemos dejar que llegue por nuestro miedo de "estar solas".


Ate,

Lunática a mil

CARTAS SIN ENVIAR #3 (Sentada esperando olvidar)

A ti que no sabes lo que quieres,

Escribo esto, porque aunque ha pasado un mes de todo, hay sentimientos que no puedo sacar de mí todavía y que no sé como manejarlos para que no perturben mi día a día.

Siento bronca, estoy molesta contigo, porque cuando recuerdo todo lo que pasó, solo puedo tener una idea: ¿que te hice yo para que me pagaras así? Lo pienso una y mil veces y no puedo encontrar la respuesta.

Soy consciente de que cometí errores, pero al igual que tú, nada que haya ameritado ocasionar un daño semejante como el que ocasionaste. Todo lo malo que hice, fueron cosas de impulso, de colérica, rabietas... nada mal intencionado y nada capaz de hacerse acreedor a tremendo golpe que diste final. Creo y siento que durante el tiempo que compartimos, me dediqué a ti, te quise, te di la oportunidad cuando tal vez no la merecías, cuando tenías mil y un cosas por las cuales yo podía decir esto no va más; pero sin embargo, te la di a ti, porque creí en tu nobleza, en tu bondad, en tus gestos y actos de cariño, en tus palabras. Yo no quería creer en ti, me rehusé al principio, tenía miedo, mucho miedo, pero tú me hiciste creer que tenías sentimientos sinceros por mi, me hiciste creer que contigo las cosas serían distintas a ese pasado no tan lejano y doloroso, que tu no jugabas conmigo, que tu corazón estaba conmigo y por mi, que sentías cosas lindas, fuertes, verdaderas. Ello, hizo que finalmente baje la guardia y te deje entrar a mi vida y lo que es peor, a mi alma.

Es claro que al principio no me sentía enamorada de ti, que te vi como aquella oportunidad de intentar curar las heridas del pasado, pero también fue evidente cuando comencé a sentirte dentro de mi y creo que ese fue el justo momento en que las cosas cambiaron. 

Sabes algo? Siempre tuve un presentimiento raro que no me dejaba estar tranquila ni sentirme segura de ti y de esa relación con tu pasado. Pero tú, en lugar de ser sincero y decirme que habían cosas que aún no habías olvidado, preferiste mentirme, como siempre has hecho, y hacerme creer que solo eran fantasmas que estaban en mi cabeza, que ninguna de mis inseguridades eran ciertas, que tu ya no querías nada con ese pasado, que era asunto muerto y enterrado. Por qué hacer eso????  No era más sencillo decir que no estabas seguro de tus sentimientos, como hice yo al principio? No era mas leal decirme que había cosas que recordabas y extrañabas todavía? Seguro que me hubiera molestado, pero al menos me hubiera hecho consciente del terreno en que estaba caminando y así me hubiera preparado o al menos esperado lo que vino.

No me preparaste para nada, me mentiste, me conquistaste y me hiciste quererte, quererte mucho y luego de algún tiempo, me hiciste necesitarte. No fue divertido, porque yo nunca jugué, eso se evidenció con todo el dolor que ocasionaste con tus estupideces.

Yo fui legal contigo, yo NUNCA te cagué. Incluso cuando aún sentía cosas por alguien más, NO te lo oculté y lo hice para que supieras donde pisabas y no crearte falsas ideas donde yo aun ni siquiera estaba segura. Yo SÍ pensé en TI y me prometí a mi misma que nunca te iba a fallar y todo, porque pensé que realmente valías la pena, aun con todas tus cosas que debía de aprender a manejar.

Estoy molesta porque me decepcionaste, porque mataste la imagen que yo había creado de ti o mejor dicho, que tú habías creado para mi. Porque me dejaste con un montón de sentimientos que estaban naciendo y porque de un momento a otro, tenía que esconderlos en algún lugar lejos de mi para poder sobreponerme a lo que hiciste y poder hacer mi vida lejos de ti sin sentirme hasta el culo, como me sentí. Porque mientras a mi se me partía el alma en dos por tu inesperada partida, tú habías decidido continuar tu vida con alguien más y no sentías una pizca de pena por dejar atrás todo lo que vivimos juntos. Porque mientras yo me encontraba en caída libre, tu parecías florecer sin mi y todo eso solo me lastimó aún más.

Por ratos siento que te odio, por haberte portado como un patán y por haber olvidado tan rápido nuestros recuerdos, cuando yo aún tengo que lidiar cada día con ellos. Por ratos siento que me odio a mi, porque a pesar de tener suficientes razones para aborrecerte y no sentir más nada, aún siento, aún pienso, aún no acepto.

Escribo todo esto porque como en la película, es mejor escribir para que así el dolor salga un poco de ti y no se quede tan adentro. Nunca leerás ésta carta, pero necesitaba decir todo lo que aún sentía aquí, atravesado justo en la garganta y que me presiona el pecho casi dejándome sin aire, me gustaría decirte esto y tal vez algunas cosas más a la cara, pero sé que ni siquiera vale la pena el mal rato.

Por ahora, solo tengo por consuelo que el universo es justo y siempre equilibra y será él y no yo, quien se encargará de ti. Por ahora, solo me queda esperar a ver si algún día serás capaz de hacerte hombre y pedir las disculpas del caso. Por ahora, solo me queda sentarme a esperar poder olvidar.



P.D Está carta fue escrita el 18 de Marzo de 2014, mientras atravesaba un gran dolor de una segunda decepción que terminó por anularme emocionalmente. El regresó, yo recaí por un tiempo, pero luego comprendí que yo estaba muy lejos y arriba de él como ser humano y entonces me fui... A veces sigue regresando a intentar quien sabe qué, regresa aún estando con ella. Yo no volveré, mi corazón ya está muy lejos.

CARTAS SIN ENVIAR #1 (Carta de despedida)




Esta es una carta de despedida, lamentablemente nunca encontramos la forma de poder comunicarnos naturalmente, como corresponde, así que prefiero este medio donde puedo escribir de corrido sin ser interrumpida y sin esperar que digas algo.

Me quiero despedir de ti porque me hubiera gustado poder decirte mil cosas a la cara, pero nunca se me dio la oportunidad, porque sé que continuar sin decir nada solo es alargar algo que nunca empezó y que solo estuvo en mi mente y con ello, alargar esta pena que tengo atravesada en el pecho hace mucho tiempo y de la cual tú no eres consciente.

Quise cerrarme a lo evidente, a los hechos y a tus propias palabras. A veces la gente es así, no quería aceptar que esta vez no había ganado y pretendí llevarme el "premio" a como de lugar, y en el camino, no me importó mutilar lo poco que había, ni mutilarme a mi misma y de pronto olvidé los medios, las formas y el respeto por todo lo demás, para finalmente, terminar por perder el control y manejo sobre mi y sumergirme en un laberinto mental sin salida y empezar a querer conseguir a la mala, lo que por la buena no te nacía.

Ahora que lo pienso y miro hacia atrás, mi papel de víctima sufrida fue el peor de toda mi vida, sin duda, lo peor que he hecho, de pronto comencé a pensar que todo lo que hacías, lo hacías para lastimarme, que cada movimiento era calculado para herirme y que cada cosa que hacías o dejabas de hacer, era siempre buscando burlarte de mi y jugar conmigo. Sinceramente, todo eso que pasó por mi mente, verdad o no, debió ser suficiente para no volverte a ver nunca más, pero en lugar de eso, escogí victimizarme, sufrir, lamentarme, reclamar, exigir y terminar por apagar lo poquito que había.

Hace muchos años atrás oí algo que siempre me quedó grabado: "si te lastiman una vez, es culpa de aquel idiota, si te lastiman dos veces, es culpa tuya, por idiota". Durante este tiempo, recordé esa frase cada vez que me sentía herida, lo que era la mayor parte del tiempo para ser sincera. 

No se cómo todo dejó de ser divertido y pasó a ser estresante y decepcionante, creo que fue cuando te deje de ver como un "x" y empezaste a ser alguien especial y contradictoriamente, en lugar de eso hacer todo mejor, comenzó a torturarme todos los días. No es que no estaba bien quererte, lo que no estaba bien era que tu siempre estuvieras un paso atrás de esos sentimientos. Pues te habrás podido dar cuenta que soy mas profunda que superficial y que yo busco el alma, no el exterior, pero no pude encontrar la tuya. Te quise, no se cuando ni cómo ni por qué exactamente, solo un día me di cuenta que aunque no sabía cuáles eran los motivos para seguirte viendo, una parte de mi no quería tenerte lejos. Así pasó el tiempo y me acostumbré a tu presencia y a saber de ti siempre. 

Como te dije una vez, yo no sé si estoy enamorada de ti, pero lo que si sé es que te quiero, pero éste cariño que siento dejó de ser sano hace mucho tiempo, y se ha convertido en algo raro, con una mezcla de frustración, resentimiento, cólera y nada de respeto por ti. Y lo cierto, es que aunque me duele mucho la idea de no volverte a ver, es mejor que seguirte viendo y ver como cada día estas más lejos y más lejos y me voy quedando sola en algo que no sé que es.

Me hubiera gustado un "no quiero seguir saliendo contigo", antes que un silencio interminable cuando esperaba una respuesta de ti. Fue algo que no solo me decepcionó, sino que caló más adentro, pues eres conciente de lo que haces, y lo haces sabiendo lo que vas a causar. Supongo que es fácil lastimar a quien no quieres. En fin, no volverás a saber de mi. Lo prometo, al menos no por ahora. Me toca olvidarme de ti y así lo haré. No descarto un futuro a mediano plazo como amigos o conocidos cordiales, pero ahora no es el momento, hay heridas por cerrar y muchos errores por perdonar.

Hasta pronto.


P.D Esta carta fue escrita en Agosto de 2013, nunca llegó a su destinatario porque decidí dejar el drama y solo irme así, en silencio.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Tropezar con la misma piedra


Dicen que solo el ser humano es el único ser capaz de cometer el mismo error una y otra y otra vez, ni los animales tropiezan dos veces con el mismo obstáculo, por el contrario, lo esquivan.


Sin embargo, a diferencia de los animales y sobre todo las mujeres, nos llevamos la medalla de oro a la necedad, masoquismo y estupidez. Es como si todo el dolor que jamás imaginamos seríamos capaces de sentir, no fuera suficiente para poner un stop y decir ok, hasta aquí llegue. 



La idea errónea de que el amor es sufrimiento y que mientras más duela más estás amando, es una patraña creada por las novelas mexicanas y así, al mismo estilo de María la del Barrio, Rosalinda o Marimar, nos aferramos a aquél dolor, a ese sentimiento que nos ahoga y nos quita la respiración; todo ¿por qué? por un miedo absurdo a volver empezar.

A veces la vida nos topa con personas que son negativas en todo el sentido de la palabra, que nos quitan, nos restan, nos absorben y se llevan los mejores momentos de nuestras vidas y con ello nuestras risas espontáneas y de paso, nuestra esencia. De pronto un día despertamos y nos damos cuenta de que no somos más esa persona llena de vida y energía que solíamos ser, nos somos más esa cara risueña y llena de esperanza; y así un día cualquiera, nos damos cuenta que nos hemos convertido en un simple fantasma, en un ente que solo camina y respira por automatismo y es entonces cuando debemos tomar aquella dura y difícil decisión de decir adiós y seguir nuestro camino, lejos de ese alguien que no supo valorarnos y que nos regaló más decepciones que risas, más lagrimas que abrazos y más  tristeza que momentos gratos.

Cuando conocemos a alguien luego de una decepción y que de primer momento parece ser esa persona que te salvará, que te dará al fin las cosas que no te dieron, que será él con el que al fin tengas tu historia de amor, colocamos todas nuestras esperanzas y energías en aquella historia. Sin duda al principio todo irá bien, ambos darán lo mejor de sí mismos, y nos ilusionaremos e involucraremos alma, piel y corazón, esperando que éste sea lo que llamamos "nuestro destino".

De pronto llega la primera señal de que no era el príncipe de la cenicienta, pero lo dejamos pasar, confiadas en que nosotras, al estilo de la típica película americana, haremos cambiar al bad boy, que solo con amor y paciencia todo será como  lo imaginamos. Y sí, ahí está el problema, nos la pasamos idealizando situaciones, contándonos cuentos y cuando nos damos cuenta, hemos caído una, dos, tres veces y cada vez nos resulta más difícil levantarnos.

Dicen que la primera vez que te defraudan, cometiste un error, te equivocaste, simplemente confiaste en la persona incorrecta, pero qué pasa cuando esa misma persona es la que te defrauda, dos, tres, cuatro, seis o diez veces más? Acaso también es un error? No, sin duda fue una decisión y por ende, debemos dejar de culpar a ese ser que nos lastima, porque somos nosotras quienes nos exponemos una y otra vez ante ese ser que sabemos que al final del día, terminará por causarnos un gran daño.

Pues sí, quien fue capaz de dejarte sufriendo y no sentir ni una pizca de pena por tu dolor ni remordimiento, es alguien que simplemente no te supo querer y cada vez que vuelva a ti, no tardará mucho en volver a aniquilarte y cada vez, será peor y tú caerás un poco más bajo.

Pero nos obsesionamos, nos aferramos a esa historia por más tóxica que sea porque no tenemos una puta idea de qué pasará con nosotros luego de eso y elegimos los momentitos fugaces de felicidad que nos da en la cama o luego de una pelea, por encima de nuestra paz mental, de nuestra salud emocional y sobre todo por encima de nuestra autoestima.

El día que tengamos la fuerza suficiente para decir “me quiero más a mi que a ti” y “no me conformo con esto en mi vida” y tomemos las riendas de nuestras emociones, el dolor pasará, los recuerdos cada vez serán más lejanos y la determinación de que es mejor así, cada vez será más fuerte; entonces descubriremos esa puerta de salida que nos llevará  a ver el sol luego de tanta oscuridad y por qué no, tal vez solo allí, cuando dejemos de perdernos de vista a nosotras mismas, llegará aquella persona que sí sabrá hacerte feliz y darte el valor y respeto que todas nos merecemos.

Dicen por ahí que lo bueno tarda pero llega. Así que fuerza, aprendamos que nuestra felicidad no depende de otra persona, sino de nosotras mismas, y el día que entendamos eso, el dolor se irá y las nubes de nuestra cabeza dejarán de tapar al sol. A veces es mejor la incertidumbre del mañana a solas, que la certeza del dolor y tormento con quien ha dado muestras exageradas de que no te ama.

Si aprendemos a dar un paso al lado en el momento indicado, podemos evitarnos años de dolor y tortura, no seamos más mártires, si algo no funciona no nos obsesionemos tratando de hacerlo funcionar a la fuerza, recuerden que el sexo no garantiza el amor y que lo que no se da de modo espontáneo, simplemente no se dará por la fuerza.

Más vale sola y tranquila, que acompañada y permanentemente atormentada, no desperdiciemos nuestros mejores años tropezando una y otra vez con la misma piedra, que solo caeremos más al fondo y a veces sin siquiera haber terminado de pararnos.

Ate,

Lunática a mil







martes, 11 de febrero de 2014

Alguien tiene que ceder

A veces, las mujeres como yo, con cierta confianza y seguridad en sí mismas, con algún complejo de superioridad y con un ego que en algunas ocasiones parece dispararse hasta el cielo, no medimos las consecuencias de nuestros actos, de nuestras palabras, de nuestro comportamiento y de las marcas que dejamos impregnadas de nosotros, en otras personas que no hicieron nada más, que intentar querernos.

Suele pasar, que tendemos a probar los límites de las personas y jugar en ellos, como si sintiéramos que sólo así, y habiendo superado ello, una persona es digna de nuestro amor. Y en ese juego, en el cual solo nos dedicamos a tensar la cuerda, ésta obviamente se rompe y es entonces, cuando nos sentimos mal queridas y humilladas y le echamos la culpa a ese ser que tal vez lo único que hizo, fue reaccionar y demostrar que no es un esclavo de nuestra voluntad y claro, personas como nosotras, caprichosas, engreídas y egocéntricas, solo podemos entender esa falta de sometimiento como un desplante a nuestro cariño. Sí, sin duda estamos locas.

Pero no todo es culpa nuestra, es cuestión de escarbar en nuestro pasado amoroso y sí, ahí lo encontraremos a él, a ese ser que aunque para ti es el único que te amó de verdad, a estas alturas parece ser el que mas daño te hizo, pues a tus veintitantos años, no puedes tener una relación donde no medie el drama y donde sometimiento no sea igual a amor verdadero y donde chico con carácter no te signifique desgraciado que no te quiere. Y me incluyo en ésto y déjenme decirles que, qué difícil que la tenemos carajo, pero ok, vamos por partes.

Tengo una historia al respecto, o dos. En mi pasado, uno lejano y otro no tan lejano, conocí a dos personas, que son las únicas personas que a la fecha yo puedo decir que jamás se han portado mal conmigo en ningún sentido, pero ok, yo me porté mal con ellos, en todos. Y sí, cuando era una colegial, tuve un novio del que sin estar muy enamorada hice y deshice como quise y el cual se sometió a mi exclusiva voluntad durante casi dos años. Para mi mala suerte, éste chico fue mi primer noviecillo en serio y él hacía lo que yo quería, a la hora que a mi se me diera la gana y como a mi se me antojara, éste sujeto no recibía sugerencias ni solicitudes, sino órdenes, cuando me di cuenta que lo tenía sometido, me volví una pequeña tirana y obvio, como a nadie le gusta estar con un títere, terminé dejándolo con el amor a flor de piel (aunque sinceramente a éstas alturas sospecho que más allá de amor era algo enfermizo) y como no, con el corazón partido en 100.

Cuando después de él, tuve la oportunidad de conocer a la persona que hasta el día de hoy considero, ha sido el amor de vida (nótese "hasta el día de hoy", porque aun tengo 27 años y eso puede cambiar), simplemente no pude ser feliz. Por qué? Porque estaba acostumbrada a tener un esclavo y no a un enamorado y no pude manejar que no se hiciera siempre lo que yo quería, no pude manejar que no corriera detrás de mi cada vez que hacía una escena con o sin razón y claro, a eso hay que sumarle otros factores que no colaboraron en la relación, pero finalmente, pese a todo el amor que yo sentí, terminé por sentirme mal querida, insatisfecha y no valorada y solo ahora, después de muchos años, puedo ver que claro que era valorada y amada, pero eso ahora, es solo el pasado.

Luego de eso, conocí a alguien más, que al estilo del primer chico del que hablé, se perfilaba como un chico noble, y bueno. Claro que éste chico era muchísimo más lindo y además tenías unos ojos hermosos que me encantaban. Así que me enamoré de él, al principio todo bien, éste nuevo chico avanzaba en cámara lenta y eso hacía que yo quiera conocerlo más y descubrir más cosas, pero luego, cuando cogí confianza y noté que ya lo tenía, opté por probar sus límites, y aguantó todo, cada uno de mis berrinches, de mis caprichos, de mis engreimientos, de mis arrebatos sin sentido, de mis palabras hirientes, de mis ataques de histeria, de mi ira, sin decir nada, sin quejarse, como un buen soldado y entonces, hice lo que suelo hacer cuando pasan éste tipo de cosas: baile marinera sobre su cabeza y muy a mi estilo sádico, lo herí en lo más profundo, por mi inmadurez, por creer que si me quieren tienen que aceptarme como soy y como no, por él haberme permitido tanta malcriadez sin ponerme un freno ... y así, una vez más, me fui, porque sin duda, no me gustan los títeres, lo repito, y preferí buscar alguien capaz de ponerme en mi lugar, algún día.

Lamentablemente, cuando has tenido a tu lado a un hombre que te ha dado amor sin límites y de manera desmedida cuando es claro que no te lo debió dar, crees que amar es así, que entonces el que venga, tiene que quererte igual, sino, no te quiere bien y es ahí cuando digo que a veces estos amores, más nos hacen un daño que un bien, porque no nos preparan para el mundo real y nos dejan viviendo dentro de una burbuja que ellos crearon para nosotros. Y así me pasó, cuando al fin me estaba volviendo  a enamorar y después de mucho tiempo, estaba encontrando cierta estabilidad en mi vida, lo perdí todo, por no saber querer y no saber cómo hacer que me quieran. 

Mi ego y mi autosuficiencia, no me dejó ver más allá de mi misma y por tanto, no me dejó ver mis errores y las marcas que los mismos estaban dejando, vivía en mi burbuja creyendo de modo equivocado, pensando que quien me quiera me tiene que aceptar como soy y punto, no hay discusión al respecto. Y digamos que es verdad ésto, pero si podemos corregir algunas cosas que evidentemente son malas y que lastiman, no basta con hacerse la loca y decir yo soy así, por que no todos los hombres son mi novio el colegial ni aquel chico de ojos hermosos, no todos me van a aguantar mis majaderías y van a quedarse ahí para soportar la próxima, porque es cierto lo que oí hace poco, LAS RELACIONES SON DE DOS, y si no nos metemos eso en la mente, vamos a seguir tropezando. Yo me puse cabe a mi misma, mi orgullo no me dejo enmendar mis errores, ahora que quiero hacerlo, tal vez sea tarde, no lo sé. Pero al menos, creo que ahora soy una mejor persona. Espero que la vida y él, me puedan dar una segunda oportunidad, sino, para adelante, la vida sigue y yo también.



Atte,


Lunática a mil

viernes, 7 de febrero de 2014

Es tan fácil romper un corazón

Desde que me inicié en el mundo del amor, vengo escuchando muchas teorías científicas acerca de que el amor nace y muere en el cerebro. Que aquello que nosotros llamamos "corazón" no es más que un músculo que late y se encarga de bombear la sangre a todo el cuerpo; que entonces, eso de que se "te rompe", no es más que pura metáfora y cursilería.

Sinceramente, yo no creo que lo sea. Tengo 27 años, algunas experiencias buenas, otras bastante malas y déjenme decirles que han sido éstas últimas, las cuales me han hecho sentir cómo ese músculo ubicado en la parte izquierda de mi caja toráxica se ha partido en una, en dos y hasta en mil pedazos, en más de una oportunidad. Así que yo puedo dar fe señores que vaya que SÍ SE TE ROMPE EL CORAZÓN Y QUE SOY UNA SOBREVIVIENTE, o al menos, se siente como si se te quebrara de verdad. Imagino que he ahí la fuente de la frase.

Siendo un nuevo año y el inicio de muchas nuevas cosas en mi vida, decidí dejar atrás todo aquello que consideraba nocivo para mi, llámese trago, puchos, juerga y como no, aquel infeliz que me hacía el corazón tricitas cada vez que podía. Así que opté por una nueva yo y eso, acarreaba dejarme de todo tipo de tonterías, lo que significaba involucrarme como es debido en lo que me tenga que involucrar; no más medias tintas, o es o no es. Y bueno, como dicen que las cosas pasan cuando suceden, que un clavo saca otro clavo y no se que tonterías más, apareció. No podemos negar que ese dicho de "gallina que come huevo..." tiene mucho de cierto, así, que como era de esperarse, no tome nada en serio lo que se me presentó en la vida, de primer momento.

Parecía un buen chico cuando hice amistad con él, me parecía atractivo, algo inteligente, bastante sencillo, bonachón y bueno, tenía un gran defecto, tenía enamorada. Aunque eso lo podíamos arreglar en dos patadas y no es que me alucine la mamacita pero no se por qué tenía un presentimiento al respecto. Pero no me interesaba, lo veía muy chiquito para mi, muy tiernito, nada para ir más allá de un coqueteo inocente y tal vez algo más. Pero como soy especialista en que se me vayan las cosas de las manos, nuestra "amistad" se fue intensificando. Me gustaba pasar tiempo con él, cada vez quería pasar más rato y ya me empezaba a estorbar un poco los tiempos que me robaba su chica de ese momento.

Debo aclarar que yo no planeé nada, las cosas se dieron solas, tal vez porque ambos dejamos que fluyan. Un día nos besamos, y desde ese entonces, no dejamos de hacerlo, como era de esperarse, la relación con su chica se acabó; no sé si por mi, no sé si fui un factor determinante o no, pero lo cierto es que le lastimamos el corazón a una inocente, que no se lo esperó, que no se lo vio venir y que sufrió a costa de mi nueva ilusión; tal vez, el karma es lo que me está pasando factura una vez más, ahora que me encuentro así.

Cuando las cosas empezaron a ir más en serio entre nosotros, yo sentía algunas dudas, de mi lado, porque aún tenía sentimientos por el bastardo del 2013 que no me dejaban de doler del todo y aunque estaba empezando a querer mucho a éste nuevo chico, tenía que estar totalmente liberada de lo otro para poder aventurarme por completo en esta nueva especie de relación que parecía estaba empezando y por el lado de él, porque me generaba mucha desconfianza la forma en que había terminado su relación y como se había involucrado tan rápido conmigo, me parecía todo muy veloz, quería muchas cosas en muy poco tiempo y eso me asustaba un poco. Así que mientras me adecuaba, curaba mis heridas y superaba mis traumas, le pedí tiempo, paciencia y comprensión; y a mi modo,a mi muy particular modo, puse un freno cuyas consecuencias no medí, y que al parecer no solo no entendió, sino que sin querer, lastimó su corazón, sin proponérmelo, por no saber usar las palabras correctas, por creer que todos deben de entender lo que digo o lo que quiero decir entre líneas, por creer que todas las personas tienen que resistir mis palabras de igual manera o reaccionar como yo espero que lo hagan. Es curioso, porque cuando dije lo que dije, juro que nunca quise que pasen las cosas que están pasando ahora, todo lo contrario.

Las cosas por supuesto siguieron, él se comportaba lindo conmigo, yo fui confiando de a pocos en él, fui bajando la guardia y sintiendo algunas cosas que al principio no sentía, creo que ese es el inicio de todo y una serie de cosas maravillosas que todos podemos llegar a sentir por alguien; pero no sé, como toda chica y su sexto sentido, algo no marchaba bien. Ahora que me sentía involucrada en ésto que el y yo teníamos, ya no lo sentía a él tan conectado. A veces, hasta sentía que se aburría de pasar tanto tiempo conmigo, cuando hasta hacía unas semanas, no quería despegarse de mi. Todo eso me lastimaba e incrementaba mis inseguridades. Los que me conocen saben que no soy ni la mas inteligente para reaccionar y que precisamente mi lado racional no es el que se activa ante situaciones en las cuales me siento insegura. Entonces pasó lo inevitable, peleas, reclamos, insinuaciones tontas, indirectas de celos y lo peor, el más patético papel de víctima que me ha tocado protagonizar en la historia.

Pero todo esto era pura actuación, hasta que me enfrenté a algo que no esperaba y que ahora yo no me había visto venir: ese chico bueno, que había querido todo conmigo al principio que hasta me había dicho que estaba enamorado, que en más de una oportunidad me había preguntado "que somos", ya no sabía que quería conmigo, ya no sabía si quería estar o no,  es más, sabía que en ese momento no quería, ya no se sentía tan enamorado de mi y prefería ser patas y ver que pasaba. Ahora era él quien quería ir con calma y que fluya solo.

Esta demás decir que mi corazón se volvió a romper, de un día para otro, de la forma mas sencilla, el día menos pensado, con una simple pregunta y ante una respuesta jamás esperada. Es curioso como la vida te puede seguir dando lecciones tan duras cuando piensas que ya no se puede ensañar más contigo. Una vez más, el cielo me volvió a escupir en la cara y me dijo, no te sientas segura de nada, que el control no lo tienes tú; y yo casi ya me estaba olvidando de eso. No sé si me lo merecía, no sé si yo me lo busqué, no sé si es justo o no, solo sé que así sucedió. Tal vez no era el indicado y pasó antes de que siente más cosas. No doy nada por sentado. 

Atte.


Lunática a mil


domingo, 29 de diciembre de 2013

CARTAS SIN ENVIAR #2 - Volverte a ver


Volverte a ver no fue fácil. Tal vez lo más difícil fue tratar de no sentir nada por ti. Aunque puse todo de mi parte, no lo logré. Supongo que tiene que ver con la intensidad con la que sentí y con los escasos meses que apenas han pasado.


No se si fue buena idea después de todo. Decidí volver a verte porque pensé que eras un asunto casi casi superado y sentí, que para ser "del todo superado", tenía que decirte unas cuantas cosas que ahora, ya no tenía miedo de decir. Y así fue, las dije al fin y aunque de algún modo me liberaron, de otro siento que me volvieron a acercar a ti...

Debo confesar que no entendí bien tu mensaje ni mucho menos tu desesperación por que entienda que me querías. Solo puedo pensar que tu egoísmo sigue a flor de piel y que eso de que te hago falta no es más que una necesidad de compañía.

Sin embargo,  me quedé tranquila sabiendo que mi ausencia te dolió, un poco al menos; y eso que dijiste referente a que "cuando las personas ya no están, los sentimientos se vuelven más claros", aunque no me dio esperanza alguna porque cualquier vestigio de ella la perdí cuando me di cuenta que no me ibas a amar, debo reconocer que alivió mi ego, pues al menos no fui la única que la pasó mal durante éstos meses. 

Volverte a ver en definitiva no fue nada fácil, pero lo más difícil fue tratar de escucharte sin que cada palabra pegue como un golpe en el corazón, sin que cada frase  se quede impregnada en mi y tratar de oír sin oírte, fue el reto más grande, porque por ratos, parecía imposible no embriagarme de cada palabra, de cada silencio y de cada mirada que me dabas mientras esperabas una respuesta que nunca llegaba, debido al nudo en la garganta que tenía atravesado intentando decir algo que no podía decir sin una lágrima que se anteponga.

Volverte a ver, sí, fue difícil. Pero lo más complicado surgió cuando el humor tomó protagonismo y con mucho esfuerzo tuve que contenerme algunas sonrisas que querían asomarse. Siempre supiste como hacerme reír, incluso a costa mía y supiste utilizar aquella arma muy bien a tu favor esa noche, en la que finalmente me rendí ante tus bromas y tonterías; y a pedido tuyo, y para no perder la costumbre, te complací dejando los rencores de lado y accedí a mantener esa conversación fresca, sin sentido, que tal vez sea la última que tengamos.

Volverte a ver fue bueno, aunque en éste preciso momento las personas que lean éstas líneas estén pensando que me volví loca y que me volvieron a perder, porque liberé mi alma y desnudé mi corazón por primera vez ante ti y ahora sé que al fin comprendiste todo lo que sentí, pero sobretodo, que al fin entendiste cuánto dolió. Y eso, me da la paz y tranquilidad que he venido buscando desde que me alejé de ti, aunque una parte de mi, se haya quedado contigo esa noche.

Atte.

Lunática a mil

miércoles, 9 de octubre de 2013

Ten cuidado con el corazón

Todos hemos tenido que decir adiós al menos una vez en nuestras vidas, ya sea por que se nos terminó el amor, porque nos nació el amor en una persona más, porque la relación se enfrió o porque sientes que ya no va o porque nos lo dijeron a nosotros y tenemos que hacernos a la idea. Pero de todas estas alternativas, creo que la más dolorosa de todas es tener que retirarse porque sabes que no hay más agua en ese pozo que tanto quieres o mejor dicho, que nunca la hubo. Espero entiendan la analogía.

Amor no correspondido, corazones rotos, lágrimas de decepción, dolor, desamor, son como el pan de cada día; y la verdad, qué difícil resulta reponernos del daño causado a nuestro interior, luego de una gran decepción, pues quedamos aniquilados, anulados por dentro, porque literalmente le entregamos el corazón a alguien que no lo quería.

Así me pasó, cuando pensé que las cosas no podían salir peor, apareció él. Es complicado explicar o tratar de resumir como comenzó todo, porque ni yo misma lo sé, solo puedo decir que fue más rápido de lo esperado, ahora lo sé, aunque en ese momento traté de negármelo.

No lo conocí, pues ya lo conocía, comenzamos a entablar una amistad o algo así, con un poco más de  tiempo, nos contamos de nuestras relaciones pasadas y de nuestras aventuras del presente. Todo era menos complicado por esa época, yo tenía al lado a un gran chico que me quería y al que yo quería también; y tenía por otro lado, a un ex que quería volver conmigo y al que no quería romperle el corazón, y lo mejor, yo no estaba enamorada de nadie; como diría Calamaro: "sin gloria, pero sin pena".

Debo confesar que si en aquél momento alguien me sugería la descabellada posibilidad de que algún día me vuelva a enamorar, hubiera podido apostar a que jamás sería de él, pues yo estaba convencida de que mi corazón ya no tenía oportunidad, que había quedado bloqueado con aquella última relación y que por eso ya ni siquiera podía sentir nada, ni por él ni por nadie. Era muy fría y dura por aquellos tiempos, por eso, no sé cómo me pasó lo que me pasó después.

Éramos amigos y como toda relación entre hombre y mujer: tu amigo te tiene ganas. Pero eso no me molestaba en lo absoluto, cuando somos mujeres tenemos que acostumbrarnos a que el tipo al que le contamos nuestras penas y aventuras, quiera ser parte de éstas últimas aunque sea una vez. Así que aceptaba risueñamente las bromas de doble sentido o algunas indirectas sobre lo apretado de mi falda, me resultaba hasta divertido. Después de mucho tiempo y como uno no sabe lo que le depara la vida, pasó lo que nunca me hubiera representado como posibilidad, EL BESO. Definitivamente tenía más de 4 tragos encima, pero es curioso como un momento en nuestras vidas puede cambiarnos la perspectiva de todo lo que creíamos hasta ese momento.

Luego de aquel beso, por supuesto siguieron muchos más y las cosas fueron aumentando de intensidad con el pasar de los días (you know what I mean) y así, un día me percaté que él y yo salíamos, pues así me lo dijo un amigo suyo. Cuando fui consciente de ello, sentí un poco de miedo, tal vez porque mi mecanismo de protección me estaba diciendo: SAL AHORA!!!! pero como toda chica que cree tener las cosas bajo control, seguí adelante. Por supuesto que nunca estuvimos, pues ya le había entregado tantas cosas que no necesitaba estar conmigo (malditos amigos con beneficios), pero lo más grave de todo fue, que entre tantos besos, caricias y demás, también le había entregado el corazón y él, no lo quería.

Y ahí comenzó la lucha entre ese músculo que late y mi razón, no contaba con que la razón se te puede nublar tanto cuando te enamoras, de hecho, era la primera vez que me pasaba que me rechacen. Fue la época más difícil de mi vida, porque él jamás me quiso, no hubo un solo momento en que yo me haya sentido correspondida, pero así y todo continué, con la absurda y tonta esperanza que algún día las cosas cambiarían y se despertaría enamorado de mí. 

Primero, pensé que yo había tenido la culpa de que las cosas no hayan funcionado o mejor dicho, que no se hayan cocinado, así que cuando acepté mi condición, "enamorada hasta los huesos", traté de cambiar las cosas, de cambiar yo, DE JUGÁRMELA y vaya que me la jugué. Dejé el orgullo de mujer de lado y las tonterías que éste implicaba, y lo busqué tantas veces como pude, le di cariño, amor, comprensión desmedida y, siendo un poco extremista, acepté cada una de las cosas que el hacía, decía y que dolían en lo más profundo de mi. Luego de algún tiempo me di cuenta de que nada de lo que hiciera, iba a ser valorado por él y que incluso, si lo valorara, no iba a hacer que nazca el amor por mi, pues lamentablemente, en esas cosas no se mandan y aunque me costó mucho, tuve que renunciar y retirarme, antes de que el golpe sea tan fuerte que me termine por volver loca.

Dicen que amar es dejar ir y yo no quería dejarlo ir porque creí que si tan solo él fuera consciente de todo lo que yo sentía, tal vez su corazón se ablandaría y empezaría a sentir cosas por mi. Ningún cálculo más equivocado, él ya me lo había dicho claramente, pero cuando uno está enamorado se ciega y no quiere ver lo evidente, lo que todos ven, menos tú, porque te aferras a una mínima posibilidad de duda para creer, porque aunque trillado, la esperanza es lo último que quieres perder y yo, quería pensar que él me podía querer y solo tenía que aguantar un poquito más; y peor que a muñeco porfiado, me dieron golpe tras golpe tras golpe, directo al corazón; y aunque dolió en lugares que jamás imaginé que podían doler, me reponía, olvidaba y seguía ahí, lista para recibir el próximo golpe, tal vez más fuerte, pero que mi resistencia sería valorada. Ja, ja. 

Pero aprendí muchas cosas de esto, primero, que el corazón siempre está listo para volver a amar, que contrario a lo que yo pensaba, sí se me volvieron a acelerar los latidos por alguien, sí volví a sentir esas mariposas en el estómago, sí volví a querer luchar por algo más y aunque no resultó como esperaba, al menos descubrí que estaba viva, que podía volver a sentir. Segundo, que no podemos forzar situaciones que espontáneamente no se dan, pues yo creí que debía de perseverar y luchar, lo cual ésta bien, pero si te das cuenta que no eres valorada, es mejor decir adiós y saber retirarse a tiempo, antes de que te lastimen más de lo que realmente estás dispuesto a aguantar y tercero, que nunca debemos arrepentirnos de entregar y perder, porque quien entrega y siente, es capaz de seguir entregando y sintiendo, en cambio,  quien nunca entrega nada, seguirá caminando por el mundo sin sentir cosas extraordinarias y eso, ya lo hace un perdedor.


Atte


Lunática a mil

lunes, 7 de octubre de 2013

Buena suerte y adiós



Debo confesar que cuando nos presentaron, no llamaste mi atención. En lo absoluto me pareciste un chico guapo, mucho menos interesante, todo lo contrario. Cuando nos hicimos “amigos”, tampoco me gustaste, sin embargo, me caíste bien, aunque no lo parecías, resultaste ser más gracioso de lo esperado y comencé a notar en ti algunas cosas que dejaban de hacerte el “nada que ver” que imaginaba eras.

Debo confesar que por ratos también me caíste como patada al hígado, conforme entrábamos en confianza, descubrí cierto aire de patanería y complejo de superioridad, que tal vez en el fondo, llamó ligeramente mi atención (siempre me atrajeron los idiotas). Pero como no quiero ser mezquina, he de reconocer que tu sentido del humor me resultaba embriagador y así, de a pocos, te fuiste ganando mi atención, aunque supongo que sin proponértelo.

Aunque sin terminar por gustarme del todo, debo admitir que quería gustarte, no porque no tuviera nada que hacer ni porque sea la típica chica que quiere que todos se mueran por ella, pero la idea de que alguien como tú se sintiera atraído por mi, me resultaba un desafío bastante atractivo. Tal vez desde ahí ya te había sobrestimado.

Debo confesar que cuando te besé por primera vez, en realidad no quería besarte, solo quería dejarte un recuerdo de mi, pero debo admitir que el momento exactamente después de ese beso, osea, cuando abrí los ojos y te mire tan cerca de mi, fue “un momento de impacto” (así lo oí en una película):  un destello de mucha intensidad que te cambia la vida por completo. Un momento de impacto cuyo potencial de cambio tiene efectos expansivos, más allá de lo que se pueda predecir. Sin duda, ese fue mi momento de impacto, un momento del que ni siquiera yo fui consciente y que me sumergió en aquella montaña rusa de sentimientos y emociones que fue lo que tuvimos, que para ti fue solo una aventura algo prolongada en el tiempo, pero para mi, fue la muestra de que mi corazón estaba vivo.

Es cierto que no pensé que después de ese beso las cosas continuarían, pues en honor a la verdad, no me pareció que tuvieras un gran talento para besar; sin embargo, por algún motivo que no lograba entender, quería seguirlo haciendo. Debo confesar que las siguientes salidas no las tomé en serio, pero sin saber por qué, no podía hacer que pararan. Debo de admitir que nunca confié en ti, pues tus intenciones desde el principio estuvieron muy marcadas a lograr algo específico y aunque si bien las cosas no acabaron después de ello, ahora sé que no me equivoqué, nunca te interesó algo más de mí. Tal vez debí hacer más caso a mi sexto sentido.

Es triste admitir que me enamoré de ti, porque ni un solo momento estuve cercana o en camino a ser correspondida y ahora sé que siempre lo supe, solo que ver las cosas claras cuando estás adentro es prácticamente imposible. No sé que me enamoró, pues fueron más las cosas que hacías para alejarme que para mantenerme cerca, sin embargo no me dejabas ir y así, me retuviste mucho tiempo por nada y para nada. Creo que la culpa es compartida, pues nunca tuve el suficiente valor para decirte adiós.

Debo confesar que hoy las cosas son distintas, que por primera vez en mucho tiempo puedo decir que no te extraño, que tus manos y tus labios ya no me hacen falta, que el recuerdo de los dos ya no me quema por dentro,  que realmente no quisiera verte, no ahora; que no tengo ninguna esperanza de que las cosas cambien y que incluso, si me dijeras que cambiarían, no las tomaría, porque no quiero nada más que venga de ti. Porque solo recibí cosas negativas de tu parte, pues sinceramente no puedo recordar una sola cosa buena, aprendí a escuchar frases hirientes y de la manera más estúpida me acostumbré a ser rechazada sentimentalmente y admitida solo de manera física y superficial; me convertí en un objeto para tu satisfacción y dejé de lado todas las cosas en las que creía y que deseaba con el corazón, pues nunca te interesó saber quien era de verdad y qué tenía adentro.

Hoy no está más esa chica que sacrifica su bienestar por estar a como de lugar a tu lado, hoy no está más esa chica que recibe las migajas que le quieres dar. Hoy soy yo nuevamente, amándome por encima de todo y decidiendo en función a lo que es mejor para mi, solo para mi. No diré que ya no duele, porque aún se me encoge el corazón cuando pienso en lo que pasó, pero sí admitiré que es un dolor distinto y que cada nueva mañana es menos intenso, al igual que el recuerdo que tengo de ti.

No sé si cuando el dolor pase pueda perdonarte, o si incluso habiéndote perdonado, quiera tener algún contacto contigo. Por ello, por favor, te pido que dejes de llamarme que no te responderé el teléfono, que dejes de escribirme porque no habrá mensaje de respuesta alguno y,  que si tu pregunta es por qué estoy así, solo recuerda todas las veces que llorando te pedí que me dejaras en paz, pues ya no habrá más lágrimas y a tu estilo, espero que descifres mi actitud.

Buena suerte y adiós.


Atte.

Tú ya sabes quien soy